Thom se ha ido esta madrugada, el 9 de octubre, a las tres. Tenía quince años.
Escribo esto pocas horas después y no sé muy bien por dónde empezar. Tengo un nudo en la garganta y la casa está en un silencio que todavía no reconozco.
Por la mañana me he puesto a buscar fotografías suyas. Supongo que es lo que hacemos todos cuando perdemos a alguien: buscar algo que podamos mirar. He empezado por las más recientes y he ido bajando. Y he tenido que bajar mucho. Muchísimo.
Thom aparecía en muy pocas fotos. Arish salía mucho más.
El que no salía en las fotos
Al principio me ha extrañado. Luego me ha dolido un poco. Y después he entendido algo que creo que ya sabía.
Thom siempre estaba allí. Formaba parte de todo, aunque no apareciera en las imágenes. Estaba fuera del encuadre, al lado, detrás, esperando. No hacía falta que saliera en la foto para que aquel momento fuera también suyo.
He tenido que buscar muy atrás para encontrar fotografías de Thom. Pero no necesito fotografías para recordar cuánto ha estado presente en nuestra vida.
Desde 2011
Thom y Arish llegaron a nuestra vida en 2011. Desde entonces han estado en casi todo.
En los paseos de cada día, los que no se apuntan en ningún sitio porque parecen siempre iguales. En las salidas, en las vacaciones, en los viajes en los que había que pensar primero en ellos. En las rutinas de casa, que con los años se fueron construyendo a su alrededor sin que nos diéramos cuenta.
Y en las noches. En dormir cerca. En esa compañía silenciosa que no pide nada y que solo notas de verdad cuando falta.
Eran dos compañeros distintos. Cada uno a su manera, con su forma de estar. No eran intercambiables y nunca lo fueron. Quizá por eso Arish llenaba las fotos y Thom llenaba los huecos.
Arish, el año pasado. Thom, hoy
El año pasado perdimos a Arish. Tenía doce años. Todavía no nos habíamos acostumbrado a su ausencia y ahora se suma la de Thom.
No voy a decir que esto se supera, ni que el tiempo lo cura todo. No lo sé. Hoy solo sé que duele, y que duele doble, porque con Thom se cierra también una etapa que empezó con los dos.
Durante quince años la casa ha tenido una forma concreta. Ahora tendrá otra, y todavía no sé cuál.
Lo que queda
Quedan pocas fotos de Thom y muchas de Arish. Quedan las correas, los rincones, las costumbres que seguiremos repitiendo un tiempo sin querer. Queda la sensación de mirar hacia el lado donde solía estar.
Y quedan quince años de una vida compartida que no cabe en ninguna galería del móvil.
Gracias, Thom. Gracias, Arish. Por todos estos años. Por estar siempre ahí.


